
Consiguió que su sonrisa renaciera. Consiguió espantarla de los miedos. Ahuyentó sus límites y sin opción a elegir la hizo vivir.
Brotó la alegría en ese jardín de espinas, corrió la savia de la locura por los senderos de la razón y ganando la carrera se apoderó de esta vida. Entre nubes encontró, lo que sin buscar, con ansias esperaba: un corazón que le supiese amar, una mente que le bailase el agua, que bebiese de la fuente de su pasión, que saborease la clave de cada gesto, que supiese vivir y le enseñase a hacerlo.
Borró la pena que consumía su alegría. Deshizo el baúl de la soledad y lo convirtió en comprensión, en cálidas fragancias que arropaban su fragilidad, o quizá su poder.
Ardió su llama con viveza. Solo esa persona tenía la llave que abría la calidez de su ser.
Brotó la alegría en ese jardín de espinas, corrió la savia de la locura por los senderos de la razón y ganando la carrera se apoderó de esta vida. Entre nubes encontró, lo que sin buscar, con ansias esperaba: un corazón que le supiese amar, una mente que le bailase el agua, que bebiese de la fuente de su pasión, que saborease la clave de cada gesto, que supiese vivir y le enseñase a hacerlo.
Borró la pena que consumía su alegría. Deshizo el baúl de la soledad y lo convirtió en comprensión, en cálidas fragancias que arropaban su fragilidad, o quizá su poder.
Ardió su llama con viveza. Solo esa persona tenía la llave que abría la calidez de su ser.
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